El presidente norteamericano, Barack Obama ha sido galardonado recientemente con el Premio Nobel de la Paz. Como muy bien ha reconocido, el premio ha sido entregado a modo de préstamo ya que, según sus mismas palabras, todavía no lleva el suficiente tiempo en el poder como para haber realizado en política exterior los suficientes logros como para ser merecedor del mismo.

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Se trata prácticamente de un premio virtual; con virtual me refiero a que se le ha concedido el premio únicamente por las intenciones que expresado públicamente sobre lo la política internacional que pretende llevar a cabo en su mandato. De hecho, al igual que el Presidente del Gobierno Español, es un arduo defensor de lo que se ha venido en llamar “La alianza de civilizaciones”.
Sus primeras actuaciones dentro de la esfera internacional se pueden calificar de prudentes, dialogantes y firmes. Lo cortes, en este caso, no quita lo valiente. Ante todo ha querido dejar claro que Estados Unidos se sigue arrogando su papel de Gendarme Global. Aunque ha iniciado acercamientos diplomáticos con los países con los que la anterior administración norteamericana era beligerante.
La directora de la política exterior norteamericana, Hillary Roadham Clinton ha dejado claro a los hasta hace nada países que formaban el eje del mal (Irán, Corea de Norte) que Estados Unidos está interesado en negociar con ellos una disminución de la tensión aunque al mismo tiempo les hace partícipes que los Estados Unidos no permitirán que se traspase una determinada línea. Esta línea consiste en la no utilización de instalaciones nucleares para crear armas atómicas, no intentar convertirse en potencias regionales y no exportar su modelo político (absolutamente dictatorial) a otras partes del globo.
Barack Obama es quizá el único galardonado con el Premio Nobel de la Paz que ha dejado claro que considera que la disuasión militar es necesaria como método para evitar que determinados regímenes provoquen desaguisados internacionales. Al mismo tiempo también es el único que considera que en determinadas ocasiones, la guerra es un mal necesario y que mientras esa guerra sea justa, los estados están perfectamente legitimados para llevarla a buen término.
Una de las frases que más ha repetido durante estos días ha sido que con buenas formas e intenciones pacíficas nunca se hubiese logrado acabar con Hitler y el régimen Nazi. Seguramente habría podido citar a muchos más dictadores y liberticidas que fueron arrojados del poder por la única vía que esos regímenes dejaban, es decir, manu militari.
Otra de las declaraciones que ha realizado a tenor de haber sido galardonado con el premio que orquestó Alfred Nobel, es que el no puede desligar su política del hecho de ser el Jefe de las Fuerzas Armadas con mayor poder letal que existen hoy en el mundo. Las Fuerzas Armadas Norteamericanas, no nos engañemos, tienen la función de ejercer la violencia en aquellos lugares del globo donde los intereses o los ciudadanos norteamericanos sean agredidos.
De todas formas parece que esta nueva administración utilizará a sus fuerzas armadas de un modo mucho más comedido y ajustado a derecho que como lo hizo la administración saliente de George W. Bush. Un buen ejemplo de esta cambio de actitud es posible verlo en la intención de cerrar definitivamente el reclusorio que en un nimbo legal se ha mantenido en la Base de Guantánamo. Tampoco parece que el gobierno norteamericano actual llegue a provocar la caída de regímenes basándose en datos erróneos o directamente falsificados, como los que justificaron la invasión de Irak.
Obama, alejado del matonismo que caracterizó a la administración de George W. Bush, parece más proclive a utilizar eso que se ha llamado desde algunas instancias soft power que en determinadas ocasiones es más útil que entrar como un elefante en una cacharrería.
Como se suele decir castizamente, puño de hierro en guante de terciopelo.
Fuente: Elaboración Propia | Imagen: SEIU International